sábado, 25 de junio de 2016

Cronología de una tarde de verano

Si algo le voy a agradecer siempre a mis padres es haberme criado en un ámbito deportivo. Más que deportivo, de club. Donde había grupos, y te ponías hablar y tomar mates en cada uno de ellos. Donde a lo lejos todos se saludan con todos. Aunque nunca falta ese saludo falso de sonrisa que a los segundos se da vuelta y te descuartiza.

Nunca voy a olvidar este lugar que me vio crecer. El llegar y ver ese estacionamiento repleto, significado de que estaban todos tus amigos. Diversión asegurada. Caminar por el pasto para llegar, en esas tardes calurosas de verano, a las piletas que mataban esa sensación sofocante. El guardavida que te chiflaba para que no te tires más del borde. Nunca faltaba el remolino en la pileta de abajo. Todo hasta que te agarraba el hambre a eso de las 5 donde parabas para un mate con galletitas.

Ya empieza a atardecer, el calor calma y llega la verdadera acción. El polvo naranja te pide que vayas. ¿Y cómo decirle que no? Agarras la raqueta y siempre alguien te dice que sí... Pelota va pelota viene. Se termina el partido con la puesta de sol. Si no es el polvo de ladrillo, es el pasto verde de la cancha de rugby quien invita a los chicos a sumarse un picadito.

Terminada la acción, se viene el último chapuzón.

Si es sábado, no falta el asadito en los quinchos compartidos... Familias y grupos de amigos compartiendo una comida, una cervecita, una coca para los más chicos, un momento que se guarda como anécdota. ¿Cómo olvidar a tu mama poniendo cara porque tenía que preparar 200 cosas para el bendito asado y que cuando llega con un chistecito, un saludito se le pasa todo? Como olvidar cuando jugábamos al poli-ladrón todos los pibes, matando el tiempo para comer.

El momento glorioso cuando uno de los grandes grita “Chicos, a comer!!”. Ya no importa quién gana la escondida, la pancita hace ruido y nada más importante que hacerla callar. La tabla con el asado empieza a correr por la mesa y con ella, las diferentes conversaciones, “No viste la pelota que se erró pepito en la red!?”, “el lunes jugamos, no?”, “empieza un torneo, lo jugamos?”, viste lo linda y simpática que es la hija de Claudio?”, “Y lo terrible el nene de pancho?”. Paro un poco la pelota. Me mantengo callada, cierro los ojos y sonrió. Qué lindo es respirar este aire despreocupado, donde solo importa el momento, el AHORA.

Cuando volvamos a hacerlo, ya no va a hacer como siempre. Ya no van a estar solo los de siempre, va haber una estrella, la que nos va a estar acompañando. Una estrella rubia, que siempre tuvo una sonrisa y un “¿Cómo estas chiquita?”.


Aun así, que se repita. Que se repita en esta generación y en las que vendrán.

viernes, 27 de mayo de 2016

Tu nena

Cuando te fuiste solo tenía 13 años. Toda una nena todavía. Pero yo sabía que era TU nena. Tuya y de nadie más.
Tengo todavía en mi cabeza, en mi memoria tu voz diciéndome: “Mi nena no hable así”, “Mi nena, queda feo”. “Mi nena…”. Siempre TU nena.
Tengo varios recuerdos con vos. Los mejores. Aunque no todos en los mejores momentos tal vez.
Los años te alcanzaron viejo, a mí me están sobrando. Quiero que nos sobren los momentos. Aunque ya es evidente que no se puede ¿no?
Te extraño. Te extraño mucho. Quiero que vuelvas un ratito y que me alces en tu falda como cuando era chiquita. Que me abraces y me digas “te quiero mi nena”.
Te busco en todos lados y en la mayoría siempre te encuentro. Sé que en ese “ya no está más”, estas en todos lados. Siempre siendo mi guía y la de muchos más.
Tengo lágrimas. Muchas. Se mezclan con un poco de todo. Emoción, de saber lo grande que fuiste con todos. Felicidad, de saber que siempre estas. Tristeza, de no poder sentir más tus abrazos, me guardo esa hermosa sensación de todos modos. Por último y lo que más abunda dentro de mi es el orgullo, de toda la entereza, garra, ganas y entusiasmo que siempre le pusiste a todo, lo que buscabas y lo que te tocaba.
Te mando un beso con un abrazo de gol desde estos lados, esos que ya conociste y en esos por los que aun vagas, pero de otra forma.
Te quiero.
Tu nena ayer, hoy, y por siempre.

viernes, 20 de mayo de 2016

Momentos

 Hay momentos que son fugaces, demasiado para nuestro gusto, por eso hay que disfrutarlos, saborearlos y exprimirlos. Guardarlos para siempre en nuestra memoria.

Hay otros que son mejor olvidarlos, que nos destruyen, nos hacen doler desde la punta del dedito más chiquito del pie hasta lo más profundo del corazón y el alma.

Pero hay algo en común en todos ellos . SIEMPRE pasan dejándonos algo, una enseñanza, un aprendizaje, algo que nos cambia y nos hace ver algunas cosas de otra manera.

Definitivamente, después de ese momento, somos otros, distintos a lo que éramos antes.